• ¡En oferta!
search

Wigan Casino Soul

10,00 €
Impuestos incluidos

Wigan Casino Soul.

Talla
Color
Sexo
Cantidad

100% secure payments
  Política de seguridad

Nuestra tienda esta encriptada y certificada por Internet ISRG puedes ver el candado verde.

  Política de envío

Envio por Correos certificado con número de seguimiento o envío mediante paquetería MRW con numero de seguimiento.

  Política de devolución

Puedes devolvernos el producto en caso de no ser lo que esperabas sin ningún tipo de problema.

El Casino de Wigan fue la gran meca del 'northern soul'

Por DIEGO A. MANRIQUE

Siempre ganabas en el casino de Wigan

El “soul del norte” es un estilo sobrevenido, uno de esos subgéneros definidos y cartografiados por coleccionistas curiosos y espabilados comerciantes de discos. En la base, un extraño fenómeno: chavales del norte de Inglaterra, herederos del estilo de vida mod, que se desplazaban los fines de semana hasta discotecas –a veces, enormes- que pinchaban la música soul más bailable y más desconocida. Se trataba de temas rápidos, generalmente hechos a la sombra de las fórmulas de Motown, en la América más industrializada.

Semejante anomalía social pasó desapercibida para la prensa musical londinense. Sí despertó la curiosidad de Tony Palmer, director de documentales musicales, que en 1977 viajó al Casino de Wigan para intentar averiguar qué les impulsaba a recorrer centenares de kilómetros para bailar desde la medianoche hasta que amanecía.

El reportaje causó furia, tanto entre los vecinos de Wigan como entre los amantes del northern soul: Palmer yuxtaponía el hedonismo juvenil con imágenes de la decadencia de lo que fue gran centro textil y minero. El programa fue un éxito de audiencia y, para el resto de Inglaterra, supuso una sorpresa: en vez de seguir la pauta de los publicitados punks londinenses, los habituales del Casino vivían para la noche del sábado.

Eran hijos de la clase trabajadora, sin programa político ni voluntad revolucionaria. El look tampoco excitaba a los cazadores de tendencias: patas de elefante, camisetas sin mangas, zapatos para deslizarse por la pista (ayudados por dosis generosas de talco). Casi todos llevaban un bolso con mudas de ropa: convenía cambiarse a lo largo de seis, ocho horas bailando.

Las drogas solían ser anfetaminas: se mascaba chicle para disimular sus efectos. Habitualmente, locales como el Wigan Casino no servían alcohol. ¿Sexo? A veces, al amanecer, cuando los mochuelos se dispersaban rumbo a un refugio. El público era desproporcionadamente masculino; abundaban los coleccionistas de discos que grababan las sesiones con aparatosos casetes, que compraban o cambiaban piezas raras, que incordiaban a los DJs para enterarse de sus últimos hallazgos.

Gracias a esos pinchadiscos, se ha hecho una asombrosa taxonomía de la inmensa producción de soul alborotado que nunca llegó a entrar en listas estadounidenses. En bastantes casos, a mediados de los setenta, aquellos discos consiguieron ventas respetables en el Reino Unido y ofrecieron una inesperada carrera tardía a artistas que ya habían olvidado aquellos temas que grabaron a las órdenes de productores oportunistas.

10 Artículos

Ficha técnica

Composición
100% Algodón